El sábado pasado fui a la Feria internacional del turismo (FITUR) con mi compañera de piso. Antes de llegar no sabía nada sobre FITUR; mi compañera de piso solamente me dijo que era “una feria”. Pues, las “ferias” aquí son muy diferentes que las ferias en los Estados Unidos, y en realidad FITUR no era una feria. En contraste con las ferias estadounidenses, que típicamente son muy pequeñas, FITUR era enorme. Había muchos pabellones diferentes, uno para cada región del mundo y para las regiones dentro de España. Fuimos al pabellón de Andalucía, en que había una barraca por cada provincia. Las provincias incluían Huelva, Sevilla, Cádiz, Málaga, Córdoba, Jaén, Granada, y Almería. Las barrancas tenían millones de folletos sobre todas las atracciones turísticas en la provincia. Mi compañera se aseguró que yo tuve un folleto de cada atracción que relacionó con la historia del arte (por alguna razón ella piensa que me especializo en la historia del arte y ahora es demasiado tarde para corregirla) y al fin del día tuve dos bolsas pesadas que estaban llenas de folletos. La feria era llena de personas también. Me sorprendió que un evento sobre el turismo atrajo tantas personas que obviamente eran españoles. Pero era un evento muy trabajado y había muchas familias que pasaron el día allí. Un guitarrista tocó y un grupo de flamenco bailó. Además, muchas de las barrancas tenían regalos, que siempre atraen la gente. Para mí, el tamaño de la feria era muy impresionante y me reafirmó la importancia del turismo en España.
