Ayer fui a una peluquería que se llama La PeluQueQuería para cortar mi pelo. Traje una foto de Penélope Cruz (mi actriz favorita) que demostró lo que quería y también hice una pequeña lista de vocabulario sobre el pelo porque tenía miedo de terminar calva. Estuve preparada. La cita salió muy bien; tuve un joven peluquero que entendió exactamente lo que quería y que le gusta a Penélope tanto como yo. Me disfruté mucho charlando con él y me encanta mi nueva look. Aunque la cita salió bien, el proceso de encontrar una peluquería que tuvo espacios libres y hacer la cita era un poco más difícil y para mí otro choque cultural. Llamé cuatro peluquerías antes de encontrar La PeluQueQuería y cada vez me puse más y más nerviosa de hablar con la persona que contestó el teléfono. Ellos hablaron muy rápido y siempre había mucho ruido de fondo; no podía oír muy bien. Pregunté si había algunos espacios libres pero me olvidé como decir “libre” y necesité repetir mi pregunta en muchas maneras diferentes para que ellos entendieran lo que quería. ¡No quería parecer estúpida pero con todo mi nerviosismo no podía pensar en español! Además cada vez que yo pregunté si ellos todavía tuvieron espacios libres por ese mismo día, ellos me rieron un poco, porque no había ningunos espacios, y me puse más aturrullada. Finalmente La PeluQueQuería tuvo un espacio libre, pero cuando la chica que contestó me preguntó por mi número de teléfono no podía recordar mi número. Otra vez no quería parecer tonta así que inventé un número en el mismo momento. Creo que había demasiados números, pero ella no dijo nada. En mi opinión, los choques culturales siempre son cosas que no tendría ningún problema de hacer en los Estados Unidos, pero aquí me dan un poco de miedo y angustia.
!--EndFragment-->!--[if>!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->![endif]-->!--StartFragment-->
